Los dones espirituales mencionados en el Nuevo Testamento y primordialmente en Romanos 12 y 1 Corintios 12, se pueden clasificar en tres categorÃas: señales, proclamación y servicio. Antes que el Nuevo Testamento fuera escrito, los hombres no contaban con parámetros para juzgar la veracidad de alguna persona que predicara, enseñara o testificara en el nombre de Cristo. Los dones de señales autenticaron la enseñanza de los apóstoles, que a su vez era la medida y el criterio para evaluar todas las demás enseñanzas, razón por la cual estos dones cesaron después que los apóstoles murieron; y es probable que aun antes de su muerte. 'Las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia', explicó Pablo a la iglesia de los corintios, 'por señales, prodigios y milagros' (2 Co. 12:12). El escritor de Hebreos ofrece más revelación en cuanto al propósito de estos dones especiales: 'La cual [palabra del Evangelio], habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del EspÃritu Santo según Su voluntad' (He. 2:3-4). Incluso durante los inicios del ministerio terrenal de Jesús, los apóstoles 'saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguÃan' (Mr. 16:20). . . .